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Deterioro y colapso sanitario afectan al principal hospital del Suroeste

por Voz Populi Media
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El Hospital Regional Docente Universitario Jaime Mota, principal centro de salud de la región Enriquillo y punto de referencia para las provincias de Barahona, Bahoruco, Independencia y Pedernales, atraviesa una de las etapas más críticas desde su reconstrucción.

Lo que durante años fueron denuncias aisladas sobre fallas en equipos e infraestructura, hoy configura un cuadro de deterioro severo que compromete la prestación de servicios y la seguridad tanto de pacientes como del personal sanitario.

Los problemas se acumulan: averías en el sistema eléctrico, colapso del alcantarillado, baños inutilizados, rebosamiento de aguas residuales, deficiencias en la climatización y un deterioro general de sus instalaciones.

Esta realidad, según médicos consultados por Listín Diario, se ha venido profundizando sin que las autoridades ofrezcan soluciones estructurales.

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Los más afectados son los propios usuarios del sistema público. A diario, pacientes y familiares recurren a las redes sociales para denunciar las precarias condiciones en que reciben atención en el único hospital de alta complejidad del Suroeste.

Mientras tanto, el personal médico y de enfermería prefiere guardar silencio. Varios galenos consultados por este diario declinaron ofrecer declaraciones públicas coincidiendo en una misma razón: el temor a represalias administrativas o laborales.

"No podemos hablar", fue la respuesta reiterada de quienes conocen de primera mano las dificultades que enfrenta el centro asistencial.

Respuesta oficial que nunca llegó

En busca de la versión oficial, Listín Diario contactó vía WhatsApp a la directora médica del hospital, la doctora Grasiela Lafontaine, pero la funcionaria declinó responder a los cuestionamientos sobre la situación del centro:

"Buenos días estimado, Dios le bendiga. Considero que ya usted y su equipo tienen toda la información (según ustedes) de lo que ocurre en el hospital. La entrevista debió ser mucho antes. Espero Dios les bendiga mucho y tengan éxito en sus funciones".

La respuesta evadió el fondo de las denuncias sobre las condiciones operativas de este centro de referencia para las cuatro provincias del Suroeste.

El apagón que encendió las alarmas

Aunque el deterioro no es reciente, varios médicos consideran que un reciente fallo eléctrico marcó un punto de inflexión. Durante aproximadamente seis horas, el hospital permaneció sin suministro eléctrico, obligando a suspender y retrasar diversos servicios.

Fuentes médicas indicaron que pacientes sometidos a procesos de hemodiálisis tuvieron que interrumpir sus tratamientos y otros no pudieron recibirlos en el horario previsto, una situación de extrema gravedad para personas con insuficiencia renal. Las autoridades del centro no ofrecieron explicaciones públicas sobre las causas del incidente.

El colapso del alcantarillado

A la falla eléctrica se sumó el colapso del sistema sanitario, agravando aún más el panorama. Sanitarios de varias áreas del primer y segundo nivel, incluida la sala de observación, se rebosaron, lo que obligó al traslado temporal de pacientes hacia el área de Maternidad.

Fuentes vinculadas al centro calificaron la medida como una improvisación, dado que se reubicó a pacientes adultos en un espacio destinado a la atención obstétrica. Horas después, fueron trasladados a otra área.

"Hay áreas que deben cerrarse"

El doctor Carlos Antonio Féliz Terrero, exdirector del hospital y expresidente de la filial Interprovincial Barahona-Pedernales del Colegio Médico Dominicano (CMD), decidió romper el silencio y advirtió que el deterioro ya representa un grave riesgo sanitario:

"Se produjo un rebosamiento de aguas residuales con materia fecal en áreas del primer y segundo nivel, y varios baños permanecen obstruidos. Estas condiciones pueden convertirse en un foco de contaminación para pacientes, médicos y visitantes", afirmó.

Sostuvo que se ha solicitado en múltiples ocasiones la intervención del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) para solucionar las obstrucciones, pero el problema persiste.

"El Hospital Jaime Mota necesita una intervención inmediata. Hay áreas que deberían permanecer cerradas hasta que se corrijan las condiciones sanitarias, porque no es posible continuar ofreciendo servicios en estas circunstancias", enfatizó.

Llamado a la intervención institucional

Féliz Terrero hizo un llamado a la acción coordinada entre el Ministerio de Salud Pública, el Servicio Nacional de Salud (SNS), el Servicio Regional de Salud Enriquillo, la Dirección Provincial de Salud y demás instituciones responsables.

Recordó que, al ser el único hospital de referencia para cientos de miles de habitantes del Suroeste, es inaceptable que continúe operando en condiciones que ponen en riesgo la salud pública.

Una crisis recurrente

Los problemas del centro no son nuevos. En marzo pasado, un conato de incendio provocado por un fallo eléctrico obligó a evacuar a pacientes de Cuidados Intensivos y Quirúrgica. 

Meses después, el doctor Carlos Julio Féliz Vidal intentó realizar una colecta pública para comprar un aire acondicionado para el Banco de Sangre ante las fallas del sistema de climatización, aunque la iniciativa no prosperó.

Por su parte, un ingeniero que participó en la reconstrucción del hospital y que solicitó reserva de su identidad, aseguró que la infraestructura no ha recibido el mantenimiento preventivo necesario desde su entrega, lo que explica la falla progresiva de equipos esenciales.

Mientras tanto, los pacientes continúan soportando altas temperaturas en las salas de internamiento y áreas de espera.

El costo humano

Más allá de las averías técnicas y la inacción administrativa, la crisis del Hospital Regional Docente Universitario Jaime Mota tiene un rostro humano: cada apagón interrumpe tratamientos vitales, cada baño fuera de servicio eleva el riesgo de contaminación y cada equipo dañado reduce la capacidad de salvar vidas en la región.

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