“No he salido con nadie ni he tenido pareja desde que me divorcié hace una década. En cierto modo, he interiorizado que esa faceta no es el eje central de mi vida si me estoy centrando en mis hijos y en mi familia”, ha dicho Angelina Jolie, inmersa en la promoción de la película Couture, a
FOIjoiTWFpbCIsIldUIjoyfQ%3D%3D%7C0%Y así es cómo tras su separación en 2016 de Brad Pitt, la actriz verdaderamente ha puesto en marcha lo que tantas mujeres quieren o intentan hacer: frenar las citas para volcar su interés en aspectos de sus vidas ajenos a las relaciones amorosas.
La autora Margaret Atwood hizo hace ya 35 años un inteligente juego de palabras con el término ‘menopausia’, que en inglés cobra todo el significado, ya que menopause podría diseccionar, con ironía y con una pequeña trampa humorística, en men-on-pause (hombres e pausa). “La menopausia es una pausa para reconsiderar a los hombres”, escribió en la colección de relatos Wilderness Tips (Bloomsbury Publishing PLC, 1991). Vivimos en tiempos heteropesimistas marcados por un desapego femenino hacia los hombres, que se erigen como el foco del problema.
Aunque el término, acuñado por Asa Seresin en The New Inquiry, ha sido abrazado por muchas, necesita algún matiz. Eso asegura Magdalene J. Taylor, que decía en The New York Timesque en realidad, “nunca ha habido un mejor momento en la historia de la humanidad para vivir la heterosexualidad con felicidad y éxito”. “Tenemos más libertad que nunca para convertirnos en quienes queremos ser y salir con quien queramos. Y eso debería ir acompañado de un optimismo lo suficientemente fuerte como para hacer irrelevante la guerra de los sexos”, aseguró.
Muy polémico y viral fue el artículo de Chanté Joseph Is having a boyfriend ebarrassing now?en el que la escritora analizaba si el mero hecho de echarse un novio era un acto en cierto modo vergonzoso. La escritora Eva Morell lo comentó este asunto en su Substack. “Hacer pausa también es una forma de cuidado. Y yo lo practico desde hace mucho tiempo. Lo que me chirría es que estemos convirtiendo en tendencia –y casi en mandato moral– lo que para muchas otras mujeres no es una elección libre, sino la consecuencia bastante poco glamurosa de un entorno afectivo que está hecho polvo”, decía. Al contactar con ella para hablar acerca de la cantidad de mujeres que como Jolie, han decidido poner en pausa la búsqueda del amor “romántico”, reflexiona acerca de si hacerlo supone de alguna manera ‘tirar la toalla’ o si es una forma de protección comprensible. “Creo que es un poco de las dos cosas, y creo que fingir que es solo una nos haría un flaco favor. Ha llegado un momento en el que el mercado está tan mal que casi nos resignamos a la situación que nos queda, que es estar ‘solas’. Hay ahí, si soy honesta, un componente de derrota. No pasa nada por admitirlo. Casi nos resignamos a la situación que nos queda, que es estar solas y estar a gusto con esa decisión. No por el hecho de estar solas nos convertimos en Iris, el personaje de Kate Winslet en The Holiday, que llora por las esquinas porque esa soledad puede con todo”, explica a S Moda. Señala que, sin embargo, ha resultado ser la también una de las mejores decisiones que las mujeres han tomado por ser una forma de protección que considera inteligente. “De lo que de verdad nos estamos protegiendo es de las decepciones acumuladas, de estar hasta el gorro de lovebombing, breadcrumbing, gaslighting y todos esos anglicismos de moda que, de repente, le han puesto nombre a cosas que llevaban pasándonos en las relaciones toda la vida, mucho antes de que existiera una palabra para ellas”, continúa Morell.
El sociólogo y experto en género Lionel S. Delgado cree que existe una fatiga relacional “muy justificada pero peligrosa”. “El reparto desigual de cuidados, la dificultad para el cambio y la comodidad en posiciones pasivas está haciendo que muchas mujeres comparen con los vínculos que les gustaría tener y se sienten decepcionadas y frustradas. Es lógico, a veces simplemente no sale a cuenta. No obstante, creo que este heteropesimismo es algo muy real pero acotado en los entornos más progresistas”, dice el autor de Tristes y Salvajes (Editorial Ariel, 2026) antes de matizar que en los sectores más conservadores -en un sentido relacional-, el neorromanticismo está en auge. “Creo que el pesimismo es una postura legítima, pero muy paralizante. La frustración nos inmoviliza, y mientras, los discursos conservadores proponen un heterooptimismo que hace reenganchar con lógicas parejocentristas y románticas que es mucho más fácil y cómodo que la frustración pesimista”, advierte.
La antropóloga y socióloga Andrea García-Santesmases Fernández considera delicado reivindicar el heteropesimismo como un posicionamiento feminista. “Si bien parte de ahí (de la crítica a la heterosexualidad obligatoria y el amor romántico), puede derivar en discursos de esencialización de las diferencias de género, de entender a los hombres y mujeres como natural y necesariamente contrapuestos y antagónicos. Y esto es peligroso, porque legitima discursos retrógrados y conservadores”, dice.
Celebridades como Drew Barrymore llevan años solteras -ella ha aclarado recientemente que tras un intento de volver al ruedo, en la primera cita el hombre le hizo ghosting a causa del agotamiento. “Pasé gran parte de mi vida amando el romance, el drama y todo eso. Simplemente terminé agotada. Estoy sinceramente cansada y exhausta”, ha dicho la actriz y presentadora. Por su parte Jane Fonda dijo en 2018 a Extra que el dating tampoco era para ella. “Ya no tengo citas, aunque las tuve hasta hace un par de años. Tengo 80 años. Ya he cerrado el negocio ahí abajo”, aseguró la actriz con picardía. Por su parte Khloé Kardashian, cuya vida sentimental ha estado marcada por las traiciones, las mentiras y las infidelidades, es otra de las que dice con orgullo haberse retirado de las citas y asegura que esta pausa le ha servido para conocerse mejor a sí misma. “No estoy buscando pareja activamente ni saliendo con nadie. Y estoy muy feliz; me siento plenamente realizada. También me encanta haberme tomado un descanso de unos tres años sin tener citas; siento que realmente he llegado a conocerme a un nivel más profundo”, explica en el podcast de Jey Shetty. “Se trata de evitar las distracciones. Cuando estás a solas contigo misma, piensas: ‘Vale, tengo que enfrentarme a esta versión de mí’, ‘¿qué quiero perfeccionar?’ o ‘¿cómo puedo ser mejor persona en este aspecto?”, ha dicho.
Andrea García-Santesmases Fernández considera que frenar las citas es una forma de autocuidado comprensible en un momento de tensiones de género y disputas en torno al cual ha de ser el contrato sexual entre hombres y mujeres. “El contrato clásico, que definió Carol Pateman, marcaba una subordinación femenina contra la que se rebelan la mayor parte de mujeres en la actualidad (con la excepción de algún revival perverso como las ‘tradwives’)”, dice la autora de Un nuevo contrato sexual. “El contrato sexual posfeminista, aquel que simplemente aboga por imitar los comportamientos masculinos de relación afectivo-sexual y confiar en el mercado como salvaguarda de nuestra seguridad y placer, también está quedando obsoleto. Un nuevo contrato sexual, uno realmente recíproco e igualitario, en el que tener en cuenta el reparto de tareas y cuidados, pero también de afectos y placeres, está por construir”, añade.
Sara es abogada, lleva cinco años sin tener citas y asegura estar más feliz que nunca gracias a ello. “Podría decirse que nunca he sido especialmente afortunada con los hombres. En una de esas tardes en las que a la quinta cerveza, estaba repitiendo a mis amigas el mismo discurso dramático entre lágrimas, decidí que no podía seguir así. Me quité las aplicaciones de citas y solo quedo con mi grupo de amigas y de amigos, que por cierto, son gays. Si alguna vez voy por la quinta cerveza otra vez, en esa ocasión me estoy riendo porque estamos hablando de cosas muchísimo más interesantes que de mis citas fallidas”, dice. Confiesa, sin embargo, que cuando sus amigas comienzan a casarse (tiene 34 años), a veces se agobia al pensar que nunca va a ser su caso. Por eso, ¿hay realmente una forma de interiorizar y creer que de verdad, no hace falta tener pareja para ser feliz?
“Aquí hay varios melones interesantes que abrir”, dice Morell, autora de Refugio. Una historia de cabañas(Debate, 2025). “Podemos hablar del drama doméstico de ir al súper —a mí me pasa cada semana— y descubrir que el pan de molde solo viene en tamaño familiar, que el queso en lonchas es siempre formato XL y que es imposible comprar media coliflor sin condenarte a comer lo mismo toda la semana. La vida cotidiana, en efecto, viene diseñada en pack de dos, y eso, aunque parezca una tontería, es un recordatorio constante y silencioso de que hay un modelo de vida por defecto que no es el tuyo, y que el mundo no se ha molestado en hacer sitio para el que sí lo es”, asegura. “Aunque parece que ahora se nos considera más empoderadas cuando estamos solteras, casi como si hubiéramos ganado una medalla, tampoco es exactamente así, ni creo que haga falta ese marco de empoderamiento para justificarlo. Simplemente hemos decidido, con los años y con la experiencia, que hay cosas más importantes que buscar marido. Y ese cambio de prioridades, más que una conquista feminista, es sobre todo de sentido común”, explica.
Lionel S. Delgado considera que poner todas las expectativas en la pareja es una fórmula destinada a la decepción, ya que no cree que tenga que cargar con ser el espacio de cuidados, de diversión, de exploración sexual, de tiempo cotidiano, de apoyo mental, de descarga y de apoyo económico. Está de acuerdo con Morell en que en cuanto a las cuestiones materiales queda mucho por hacer. “Queda por explorar la posibilidad de pedir hipotecas con grupos de amigos, de potenciar las habilidades de gestión de conflicto con amistades, los derechos a pedir bajas para cuidar a personas importantes más allá de la pareja, de poder tener los mismos derechos con amistades que con parejas de hecho, etc”, asegura. “Si no se toca lo material, la tendencia será a que intentemos buscar la estabilidad en un mundo caótico a través de la pareja, porque es el único vínculo social reconocido y legítimo a nivel político”, dice el experto en machosfera.
Comienza a ser tan común que las mujeres decidan poner el mundo de las citas en pausa que la aplicación de citas Bumble cuenta con la opción ‘No molestar’, que puede activarse durante 24 horas, 72 horas, una semana o indefinidamente. “El mero hecho de identificar el agotamiento y de ponerle nombre puede ayudarte a cambiar tu forma de pensar, pasando de ‘algo me pasa’ a ‘esto puede resultar agotador’. A partir de ahí, es más fácil ajustar tu enfoque”, asegura Marisa Cohen, científica de relaciones en Bumble.
“Si hay algo que he aprendido es que nadie te prepara para la posibilidad de que la soltería no sea una especie de sala de espera. Toda nuestra educación sentimental —películas, canciones, hasta los cuentos que nos contaban de pequeñas— está construida sobre la idea de que estar sola es un estado transitorio, un ‘todavía no’, un capítulo que se cierra en cuanto aparece el protagonista adecuado. Nadie nos dijo que se podía quedar uno a vivir ahí, en ese capítulo, y que además se podía vivir bien. Y creo que ese es el verdadero cambio, hemos dejado de tratar la pareja como el argumento central de nuestra vida y hemos empezado a tratarla como un personaje secundario, que puede aparecer o no, y que si aparece, genial, y si no, la historia sigue teniendo sentido igual. No es que hayamos dejado de creer en el amor —para nada—, es que hemos dejado de necesitarlo como coartada para justificar que nuestra vida está completa”, dice Morell.
